Dejarte ir

soltar y dejar ir para ser feliz

Lo más triste que hice fue pedirle llorando a alguien que se quedase conmigo, cuando ese alguien no quería quedarse. Mendigar amor es horrible, pero al menos me sirvió para aprender que lo que no se da, no se fuerza, ni se pide. Porque, cada uno se queda dónde quiere quedarse.

Es muy doloroso pasar de hablar las 24 horas, los 7 días de la semana a no decirse ni hola, es muy doloroso pasar de tener toda la confianza del mundo, a ser extraños que conocen perfectamente bien, es muy doloroso tener ganas de contarle tus problemas a alguien, y caer en la realidad de que no puedes, porque ese alguien ya no es parte de tu vida, ese alguien pasó de ser todo a ser nada.

Es tan difícil amarse a uno mismo esos momentos que decidimos amar a alguien más, por encima de todas las cosas, y la verdad es que yo le quería, a pesar de sus enfados y malos tratos, a pesar de todo, yo le amaba. Aun sabiendo que se iba de vez en cuando a alguna parte, pero que siempre regresaba, y aun haciéndome daño en el corazón, yo le perdonaba, le seguía amando e incluso, lo aceptaba y superaba.

Hoy soy yo la que decido irme, voy a ver si logro amarme más de lo que te amé, porque creo que doy demasiadas oportunidades a todos menos a mi misma. Por ello, estoy planteándome ser un poco más egoísta, y como diría mi abuela podré no ser lo mejor, pero soy lo único que tengo y por ello, debo dejarte ir.

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Gracias por leerme.

Un saludo, Ana Belén Rodríguez Pino 🙂

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